¿Estará ahí mi tesoro?

Perderse en las montañas de República Checa

Escuchar sólo a mi corazón es algo que no puedo hacer siempre. Leves sonidos de piedras que caen, hojarasca que se mueve quizás por la presencia de algún ser animado que quiere encontrarme. ¿Encontrarme? De repente, una puerta me cierra el paso, debe ser porque aquí no está mi tesoro. Buscaré otra salida entonces. ¿Música? ¿para qué? prefiero el silencio y la paz que sugieren mis pasos lentos al tocar el suelo.

Se oyen ovejas al fondo, ¿será por aquí?. ¡Mierda! ¡este camino vuelve para atrás! ah…no, espera, a la derecha hay algo.

Instinto…espero que me lleves a algún sitio porque si no vamos a tener que hablar cuando lleguemos a casa. A lo lejos están las montañas Beskidy. ¿Estará ahí mi tesoro? Un perro me ladra, creo que no quiere que me acerque…

Me gusta ver pasar los trenes, es como ver pasar las oportunidades que no quieres y decir, ¡já! yo me quedo aquí, ¡vete tú si quieres!

el tesoro de perderse en el bosque

Un paseo por las montañas checas

He leído que por esta zona hay salamandras. Creo que vienen a visitarme pero se van rápido, vergonzosas ellas, creo que no les gusto. Las casas son preciosas, es como si participasen en un concurso de belleza, cada cual más coqueta.

paseo por República Checa

¡Uy! ¿Me acordaré de volver? creo que debería haber dejado miguitas cual Hansel perdido y asustado. Pero bueno yo no estoy ni perdida ni asustada así que sigamos… ¡Anda! si escucho a mi pelo moverse…creo que nunca había sentido eso antes.

He llegado a Trojanovice. Eso quiere decir que mi instinto estaba en lo cierto. He encontrado un sitio donde comer. Aunque no es muy lujoso parece estar “bendecido”. ¡Qué “suerte” tengo!, ¿no? bueno… por lo menos tiene sombra.

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Y, de repente, ¡zas! me topé con la casita de chocolate. Tal y como me la imaginaba, marroncita y con colores =)

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Después de contemplarla un rato me siento a pensar, ¿qué hago aquí?, ¿qué estoy buscando? Sigo caminando defraudada por no saber la respuesta a la pregunta que bombardeaba mi cabeza. Carteles… sí, como si entendiese algo…

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No, gracias, no me sirve. Creo que lo que busco no está escrito en ninguna parte, ni siquiera sé si alguien ha estado ahí antes. Ya me volvía cuando giré y vi un río. ¡¿Un río?! creo que me llama…

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Observo embobada el paisaje que se despliega ante mis ojos.¡Qué bonito!, exclamo para mí mientras miro con atención mi reflejo en el agua cristalina.

Y de pronto, caí. Estaba tan cegada que no podía verlo. ¡No estaba buscando nada!, ¡a quien había venido a buscar era a MÍ MISMA!

Me levanté rauda y me fui por donde había venido. Con una mezcla de adrenalina y ansia empecé a correr con una sonrisa de oreja a oreja. Ahora el camino parecía brillar más. Era el mismo pero más bonito. Había encontrado lo que quería en un principio sin yo saberlo.

Ese día aprendí a escuchar la voz que viene de dentro y a seguir mi instinto.

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No existe el camino correcto, simplemente es el que tú elijas. Ése es el que tenía que ser. No dudes, ¡arriésgate!

Empecé este relato el 24 de julio de 2012, mientras me seguía a mí misma. Hoy, al terminarlo, aún puedo sentir la libertad de aquel día. La adrenalina me recorre todo el cuerpo y una sonrisa se esboza en mi cara. Día en el que decidí que si los planes habían cambiado, yo también podía cambiar los míos.

Camino de Kunčice pod Ondřejníkem a Trojanovice, República Checa. Seis kilómetros que me separaban de algún tesoro inesperado que acabó por ser yo misma.

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