Bohemia: Kutná Hora y Hradec Králové

Me levanto a las 5 de la mañana con ganas, un nuevo destino me espera. Me voy del campamento escuchando a los pajaritos y siguiendo mi camino. De tren en tren y tiro porque me toca. En las cabinas hay gente para todo; están los que saludan con un Ahoj!, los que lo hacen con un Dobrý den! y luego los que pasan directamente. Yo sonrío y repito lo que dicen, eso en cualquier idioma queda bien.

República Checa: sur de Bohemia

Cojo el tren de nuevo y esta vez me voy más lejos. Me dicen que estoy loca, que voy a pasar más tiempo en el tren que en la ciudad pero a mí me da igual. Solo tengo dos días y medio para recorrer casi mil kilómetros.

Me subo en los trenes con el entusiasmo propio de un niño que se va a montar en una de sus atracciones favoritas. Y es que no es para menos, los trenes cuanto más antiguos, más me gustan. Déjalos que vayan lentos, no hay prisa… Ya me encargo yo de radiografiar la estampa que ofrece la naturaleza por la ventana.

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Me levanto con decisión, con esas ganas innegables de salir a explorar y la sensación de que hoy va a ser un buen día. Desayuno tranquilamente, cojo mi billete y me voy andando al centro. Son las diez de la mañana y ya hace calor así que me imagino que el día va a estar fuertecito. Menos mal que llevo mi equipamiento de turista a mano; crema, gafas de sol y litros de agua.

Cluj, la revedere!

Cluj, esa ciudad linda del país vampírico por excelencia. Esa ciudad escondida que brilla con luz propia. Esa ciudad del norte, emergente, con fuerza, tranquila y a la vez movida. Ciudad de artistas, profesores, estudiantes.

¿Nos vamos a Valencia?

—¡Vámonos a Valencia en autoestop!— me dice Dave ilusionado.

—Anda, tú estás loco, ¿quién va a parar en España?— contesté, sumándome a la retahíla siempre usada por los españoles.

Pero luego me dije, ¿por qué no intentarlo?

Eran otros tiempos…

Mucha gente me dice que qué suerte tengo, que qué valiente soy por haberme ido seis meses sola a explorar Asia. Ayer estuve un rato en casa de mis abuelos y como casi siempre que nos vemos hablamos del tiempo que estuvieron en Alemania trabajando.

Se fueron en los años 60 a buscar una vida mejor, sin NADA. Con una mano delante y otra detrás. Se fueron porque aquí no había nada, huían de un país empobrecido y coartado de libertad. Huyeron de una dictadura.