Del caos a la sencillez: voluntariado en una granja cafetera

Tumbada en la hamaca y escuchando cumbia peruana me pregunto por qué no todos los días podrían ser así; en conexión con la naturaleza, viviendo una vida sencilla y humilde y aprendiendo sobre una nueva cultura para mí.

Llegar aquí no fue nada fácil, las comunicaciones en carretera hasta aquí no son muy buenas y las montañas no ayudan a llegar antes pero valió la pena el camino. De Lima a Yurinaki (7 horas), de Yurinaki a La Florida en moto (tres personas, con mochilones incluidos) otra hora y a la granja de café otra hora en moto por un camino infernal de tierra y piedras. Pero como siempre el camino es lo que haces de él.

¿Estará ahí mi tesoro?

Y escuchar sólo a mi corazón es algo que no puedo hacer siempre. Leves sonidos de piedras que caen, hojarasca que se mueve quizás por la presencia de algún ser animado que quiere encontrarme. ¿Encontrarme? De repente, una puerta me cierra el paso, debe ser porque aquí no está mi tesoro. Buscaré otra salida entonces. ¿Música? ¿para qué? prefiero el silencio y la paz que sugieren mis pasos lentos al tocar el suelo.