¡¿10 años de aventuras por el mundo?!

En ese mismo instante me di cuenta de qué era lo que me pasaba. Estaba llegando a un punto de inflexión en mi vida y yo, sin escuchar a mis adentros, evitaba tener una conversación a fondo con mis agallas. Se había cumplido una década desde que mis pies empezaron a andar por intuición, solos y medio tambaleándose. Empecé pisando con miedo e inseguridad pero con la certeza de que lo que estaba haciendo era lo que más me movía por dentro.

¿Nos vamos a Valencia?

—¡Vámonos a Valencia en autoestop!— me dice Dave ilusionado.

—Anda, tú estás loco, ¿quién va a parar en España?— contesté, sumándome a la retahíla siempre usada por los españoles.

Pero luego me dije, ¿por qué no intentarlo?

De camino al tatuaje tribal en Filipinas

Era hora de irme de Palawan, una isla preciosa al sur del país donde pasé una semana muy agradable con algún viejo amigo y con gente que conocí en el camino. Era hora de irme a la montaña, una travesía que duraría un día por carreteras sinuosas y con los campos de arroz filipinos de fondo.

¿Estará ahí mi tesoro?

Y escuchar sólo a mi corazón es algo que no puedo hacer siempre. Leves sonidos de piedras que caen, hojarasca que se mueve quizás por la presencia de algún ser animado que quiere encontrarme. ¿Encontrarme? De repente, una puerta me cierra el paso, debe ser porque aquí no está mi tesoro. Buscaré otra salida entonces. ¿Música? ¿para qué? prefiero el silencio y la paz que sugieren mis pasos lentos al tocar el suelo.