Bohemia: Kutná Hora y Hradec Králové

Me levanto a las 5 de la mañana con ganas, un nuevo destino me espera. Me voy del campamento escuchando a los pajaritos y siguiendo mi camino. De tren en tren y tiro porque me toca. En las cabinas hay gente para todo; están los que saludan con un Ahoj!, los que lo hacen con un Dobrý den! y luego los que pasan directamente. Yo sonrío y repito lo que dicen, eso en cualquier idioma queda bien.

República Checa: sur de Bohemia

Cojo el tren de nuevo y esta vez me voy más lejos. Me dicen que estoy loca, que voy a pasar más tiempo en el tren que en la ciudad pero a mí me da igual. Solo tengo dos días y medio para recorrer casi mil kilómetros.

Me subo en los trenes con el entusiasmo propio de un niño que se va a montar en una de sus atracciones favoritas. Y es que no es para menos, los trenes cuanto más antiguos, más me gustan. Déjalos que vayan lentos, no hay prisa… Ya me encargo yo de radiografiar la estampa que ofrece la naturaleza por la ventana.

¿Estará ahí mi tesoro?

Y escuchar sólo a mi corazón es algo que no puedo hacer siempre. Leves sonidos de piedras que caen, hojarasca que se mueve quizás por la presencia de algún ser animado que quiere encontrarme. ¿Encontrarme? De repente, una puerta me cierra el paso, debe ser porque aquí no está mi tesoro. Buscaré otra salida entonces. ¿Música? ¿para qué? prefiero el silencio y la paz que sugieren mis pasos lentos al tocar el suelo.