Buscando al turista perdido: un paseo improvisado por Madrid

lugareños Tailandia

Me levanto con decisión, con esas ganas innegables de salir a explorar y la sensación de que hoy va a ser un buen día. Desayuno tranquilamente, cojo mi billete y me voy andando al centro. Son las diez de la mañana y ya hace calor así que me imagino que el día va a estar fuertecito. Menos mal que llevo mi equipamiento de turista a mano; crema, gafas de sol y litros de agua.

Extremadura, mi segunda tierra

Recuerdo cuando era niña y le decía a mí tía «tita, yo quiero bailar ese baile típico de aquí», refiriéndome a la jota extremeña que bailaban los niños en las fiestas de mi pueblo. Yo pasaba del chotis, me parecía muy aburrido y monótono. Me apetecía un baile más colorido, más gracioso, no bailar sobre una baldosa dando círculos (sé que nos es la mejor época para decir esto, gatos perdónenme).

¿Nos vamos a Valencia?

—¡Vámonos a Valencia en autoestop!— me dice Dave ilusionado.

—Anda, tú estás loco, ¿quién va a parar en España?— contesté, sumándome a la retahíla siempre usada por los españoles.

Pero luego me dije, ¿por qué no intentarlo?

Eran otros tiempos…

Mucha gente me dice que qué suerte tengo, que qué valiente soy por haberme ido seis meses sola a explorar Asia. Ayer estuve un rato en casa de mis abuelos y como casi siempre que nos vemos hablamos del tiempo que estuvieron en Alemania trabajando.

Se fueron en los años 60 a buscar una vida mejor, sin NADA. Con una mano delante y otra detrás. Se fueron porque aquí no había nada, huían de un país empobrecido y coartado de libertad. Huyeron de una dictadura.

Manila: la ciudad caórdica

Manila: la ciudad caórdica, la ciudad donde se puede encontrar el orden más bello en un profundo caos. Su belleza se desvela ante tus ojos solo si te atreves a mirar más allá, más allá de lo que estamos acostumbrados.

Manila: la ciudad de los contrastes. La ciudad donde hoteles carísimos y elegantes se mezclan con barriadas, la ciudad donde la tecnología se encuentra con las tradiciones y el pasado convive con el presente. Algo a lo que todavía no me puedo acostumbrar es a ver la diferencia brutal entre pobres y ricos.