Navidades de 2013 en India

Las Navidades son la época en la que hacemos un repaso a lo que ha sucedido a lo largo del año; a los planes, trabajos, nacimientos, muertes, sorpresas, enfermedades, sueños, esperanzas…

Afortunadamente en mi caso, no solo observo a lo que ha pasado este año sino al conjunto de meses que compusieron mi viaje alrededor de Asia. Porque este viaje desajustó la distribución mental de los meses, desordenó lo que para mí debería ser primavera, verano o invierno. Aunque al final, nada de eso importaba.

Lo que se esconde tras mi tatuaje

Allá por septiembre de 2013, tomando notas en una de las clases de budismo en Filipinas me sorprendí a mí misma pintando espirales, una detrás de otra. Por aquí, por allí. Espirales para separar ideas, para marcar puntos… y caí en la cuenta de que a lo largo de los últimos años había hecho uso de aquel símbolo muchas veces.

Tatuaje de la mano de Whang Od, la tatuadora Kalinga de Filipinas

Tatuaje tribal Kalinga en Filipinas

—Whang Od está durmiendo la siesta un rato, ¿quieres un poco de café más mientras se despierta?

—Vale. ¡Cómo decir que no a un café así!

Lo saboreo con gusto y pienso que en pocos sitios me puede saber mejor que ahí, rodeada de montañas y gente auténtica. Alrededor de mí hay cerdos, niños medio desnudos corriendo de un lado a otro y tranquilidad, la tranquilidad de vivir en el ahora.

Creo que es por aquí – Whang Od me espera

¡Qué preciosidad de camino!

Ando y sigo andando, aún perpleja por la belleza que se despliega ante mí, sintiéndome en el lugar idóneo, en el momento preciso.

Hace mucho calor y el primer tramo del camino ha sido duro pero nada contra lo que la ilusión y las ganas de aventura no puedan hacer frente. Las montañas verdes, quietas, me observan pasar. Se preguntan qué hace una madrileña tan lejos de su hogar. ¿Para qué vendrá tan lejos para encontrarse? le cuchichea una a la otra.

De camino al tatuaje tribal en Filipinas

Era hora de irme de Palawan, una isla preciosa al sur del país donde pasé una semana muy agradable con algún viejo amigo y con gente que conocí en el camino. Era hora de irme a la montaña, una travesía que duraría un día por carreteras sinuosas y con los campos de arroz filipinos de fondo.