Buscando al turista perdido: un paseo improvisado por Madrid

Me levanto con decisión, con esas ganas innegables de salir a explorar y la sensación de que hoy va a ser un buen día. Desayuno tranquilamente, cojo mi billete y me voy andando al centro. Son las diez de la mañana y ya hace calor así que me imagino que el día va a estar fuertecito. Menos mal que llevo mi equipamiento de turista a mano; crema, gafas de sol y litros de agua.

Extremadura, mi segunda tierra

Recuerdo cuando era niña y le decía a mí tía «tita, yo quiero bailar ese baile típico de aquí», refiriéndome a la jota extremeña que bailaban los niños en las fiestas de mi pueblo. Yo pasaba del chotis, me parecía muy aburrido y monótono. Me apetecía un baile más colorido, más gracioso, no bailar sobre una baldosa dando círculos (sé que nos es la mejor época para decir esto, gatos perdónenme).

¿Nos vamos a Valencia?

—¡Vámonos a Valencia en autoestop!— me dice Dave ilusionado.

—Anda, tú estás loco, ¿quién va a parar en España?— contesté, sumándome a la retahíla siempre usada por los españoles.

Pero luego me dije, ¿por qué no intentarlo?