1 de abril de 2022: del amor y esas vainas

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No puedo creer que esté escribiendo en una iglesia. Y encima de amor.

Después de tantos años, después de tanta búsqueda. Aquí estoy, en el centro de mi misma. En mi templo sagrado.

La idea que he inventado en torno al amor está basada e influenciada, en parte, por las creencias religiosas de mi país. Desde pequeña anhelé un amor que me complementara, que me sanara, que me protegiera. Entendía el amor a Dios como una relación unidireccional en la que yo solo pedía y él tenía que conceder.

Al rezar pedía de manera inconsciente que el genio de la lámpara me concediera tres deseos. O bueno, con uno me servía: tener novio. Así, sin más. Todas las noches le rezaba en la cama a Dios juntando las manos con fuerza para que, por favor, me trajera un novio. Un novio que me abrazara, me consolara y me besara con cariño.

A esa niña rubita no se le pasó por la cabeza que el mejor tipo de amor, el más puro, venía de ella, venía de mí. Y de Dios, porque al final somos uno. Tanto miedo le cogí a la palabra «Dios» que durante años busqué sinónimos para poder desgranarlo, para poder procesarlo. Pachamama, energía cósmica, Buda, Avalokiteśvara… pero la palabra «Dios» me daba urticaria. Total, si nunca me había concedido el deseo más profundo que tenía (o no lo hizo hasta unos once años después) ¿para qué honrarle?, ¿para qué hablar con él? Prefiero tener una conversación con otros dioses o deidades más comprensivas, más amables, menos sangrantes y que no hablen de pecados.

«La vida es sufrimiento» es la primera verdad según el budismo. ¿Acaso no es eso lo que representa Jesús en la cruz? El sufrimiento por otros, por un amor más grande. Sufrimiento, sacrificio, pecado, tabú, lo prohibido, lo sagrado, lo femenino, lo masculino, lo trivial, la dualidad, el amor eterno.

El amor no es algo forzado, el amor no puede ser forzado, eso es posesión. Es otra cosa. Es la necesidad de control, de ocupar un vacío, de saciar un dolor, pero no es amor. El amor no se busca, se da a través de distintas muestras de cariño hasta que se colapsa y vuelve a ti acumulado en un chorro de luz inmensa y sanadora. El amor nunca sobra si viene del corazón. El amor nunca falta si hay respeto, entrega y compasión.

Se obtiene de la fuerza de una relación entre iguales, de la compatibilidad energética y el respeto mutuo. La manipulación, los celos, la posesión y el maltrato psicológico no son propios de una relación igualitaria. Esos ingredientes colman la balanza y descompensan todo, todo lo conseguido, todo lo construido.

En parte mi papel en el amor romántico ha sido de sumisión, de complacer, de apagarme para que la otra persona brillara o no se cegara con mi luz. De achicarme para que la otra persona suba. De arrodillarme para que la otra persona me pise la cabeza. Del dejar estar, del dejar pasar, del «todo vale por amor».

Se acabó, esa no soy yo. Esa no es mi esencia. Tampoco creo que haya perdido el tiempo en estos once años de vivir y querer a tres parejas consecutivas. He aprendido muchísimo con cada una de ellas, por eso les honro, les agradezco y con eso me quedo. Lo guardo y ahí queda en el pasado, lo escribo para que acabe de sangrar si así lo quiere. Cada persona con su aporte, cada persona con su aprendizaje.

Rodrigo: límites

Rodrigo: fuiste el primero en este inicio de dinámicas relacionales que se repetían y me perseguían. Amor a distancia, amor cercano, primeros amores. Apego. Posesión. Contigo aprendí a establecer límites. No cuando estaba contigo sino un tiempo después, cuando supe entender por qué hacías lo que hacías. Por qué abusabas de mí, por qué te creías con el derecho de poseerme porque esa es «tu naturaleza». ¿Y la mía? ¿Dónde estaban mis deseos? ¿Mi opinión? ¿Mi placer? ¿Mi consentimiento?

Cristina: equilibrio

Cristina: contigo aprendí a alimentar las mariposas en el estómago. Esos colibríes de lo nuevo, de lo que se antoja prohibido. Del ser adolescentes de nuevo o de serlo por primera vez (porque de alguna manera nos habían robado esa adolescencia). De las primeras veces, de agarrarnos de la mano por la calle con pudor, timidez y cierta vergüenza. También me enseñaste que aunque fuéramos como el día y la noche el amor era más fuerte. Tú te sentías drogada con mi presencia, yo me sentía alabada con la fuerza de tu amor.

Ana: fortaleza

Ana: amor, tú me moviste el piso. Me reprogramaste los esquemas, me diste la mano en la oscuridad para adentrarnos en un lugar en el que ya habíamos estado, no sé cuántas veces, pero ya lo habíamos habitado con otros cuerpos. Tanto nos habíamos esperado que nuestras miradas acabaron por encontrarse. Nuestras almas acabaron por abrirse en canal para mantener una danza ancestral de fortaleza, cariño y sabiduría. Tanto se abrieron que se resquebrajaron. No pudieron con tanto peso. Y es que con el amor venían sus compis de piso no tan agradables. Y así no, así no, amor.

¿Qué es lo que de verdad busco en una relación de amor romántico? ¿Comprensión? Ya la tengo, me comprendo y respeto todos los días de mi vida. ¿Liberación? Ya soy libre, siempre lo fui. ¿Apoyo moral? Ya lo tengo en mis amistades y familiares. ¿Aceptación? ¿Integración? Ya soy íntegra, conozco mis valores y lucho por ellos a diario. ¿Sexo? ¿Aprobación por hacerlo bien? ¿Perfeccionismo? ¿Valoración? ¿EGO?

Quizás lo mío no sea la monogamia o al menos no la que he conocido.

Sea como fuere tengo que dejar de buscar, de andar desesperada buscando migajas que no necesito, yo quiero el pan entero. Y ese pan entero SOY YO. Voy a esperar a que venga lo que tenga que venir, dejaré de imaginar y crearme expectativas. Dejo a la magia que haga lo suyo. Ya lo hizo antes, ¿recuerdas?

Gracias, Virgen del Pino, por la claridad.

Teror, a las 13:11 del 1 de abril de 2022

iglesia y arbol

Posdata: los nombres son ficticios, como en las pelis. En realidad mis parejas fueron Dwayne Johnson, Sandra Bullock y Scarlett Johansson pero no se lo digáis a nadie.

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