¡¿10 años de aventuras por el mundo?!

En ese mismo instante me di cuenta de qué era lo que me pasaba. Estaba llegando a un punto de inflexión en mi vida y yo, sin escuchar a mis adentros, evitaba tener una conversación a fondo con mis agallas. Se había cumplido una década desde que mis pies empezaron a andar por intuición, solos y medio tambaleándose. Empecé pisando con miedo e inseguridad pero con la certeza de que lo que estaba haciendo era lo que más me movía por dentro.